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Día Internacional de La Tierra

Escrito por: Denis Humberto Meléndez. Secretario Ejecutivo CRGR

Llegamos una vez más al Día Internacional de La Tierra. Ahora con múltiples escenarios críticos de riesgo, y con tendencia creciente. Con un poco más de un año ante la evolución diaria de la pandemia del COVID 19, y una carrera desenfrenada de las cepas emergentes. Para esta fecha no se logra ver el fin de la crisis sanitaria, sino una dosis superior de incertidumbre. El planeta Tierra está en estado crítico, sin cuidados intensivos, pero también una parte de la población que habitamos en él.

En 1972 se celebró la Conferencia sobre el Medio Humano, Suecia fue la sede. Algunos reconocieron que esta Cumbre fue la primera enfocada en la problemática de La Tierra. Entonces, había preocupación en algunos sectores del liderazgo político de la época. Era evidente que los efectos adversos del modelo económico adoptado con más fuerza después de la finalización de la II guerra mundial eran devastadores para amplios sectores de la población. Por ejemplo, el modelo socio – económico conocido como la revolución verde fue un rotundo fracaso. No logró contribuir a la solución de los problemas que había reconocido, y que pretendía aportar a la salida, sino que se profundizaron aún más. Fue un fiasco, no había comprensión –ni ahora- de que los daños están arraigados en un modelo económico de tierra arrasada que genera aún más inequidad.

Tres años atrás, durante 1969, -hace cincuenta y dos años- se adoptó la decisión de que el 22 de abril de cada año sería el Día de La Tierra.  El Sistema de Naciones Unidas dice: Día Internacional de La Madre Tierra. Así, el 22 de abril de 1970 se celebra por primera vez. Coincidentemente esta fecha era el 100 aniversario del nacimiento de Vladímir Ilich Uliánov, conocido universalmente como Lenin. Esta situación generó suspicacia. En lo sucesivo, se vinculó a quienes adoptaron la agenda de La Tierra como personas con una línea de pensamiento hacia la izquierda.

Entre el 03 y el 14 de junio de 1992 se celebró la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo. Es conocida también como Cumbre de Río (por el nombre de la ciudad donde se desarrolló), o de La Tierra (por la agenda adoptada). Es la segunda Cumbre de La Tierra. Aquí acudieron dirigentes mundiales que aparentemente estaban preocupados por la tendencia pesimista que generaba el modelo socio – económico imperante. Como resultado de la Cumbre se adoptaron –entre otros- instrumentos globales: La Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), el Convenio sobre la Diversidad Biológica, El Programa 21, el Convenio sobre la desertificación en África, la Declaración sobre Principios de los bosques.  Voces diferentes expresaban una preocupación profunda con relación a las anomalías del clima, los escenarios climáticos pesimistas, y los probables efectos adversos sobre el planeta Tierra.

Posteriormente, diez años después de la cita en Río, entre el 26 de agosto y el 04 de septiembre de 2002, se llevó a cabo la Cumbre de La Tierra sobre Desarrollo Sostenible. Johannesburgo, Sud – África fue la sede. Es la tercera Cumbre global. Los Objetivos de ésta se centraron en: su objetivo era la adopción de un plan de acción de 153 artículos divididos en 615 puntos sobre diversos temas: pobreza, consumo vs recursos, los recursos naturales y la gestión de éstos, los Derechos Humanos, el impacto de la globalización, etc. Estos asuntos están contenidos en el Informe de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible.

La Cumbre conocida como Río +20 se llevó a cabo entre el 20 y el 22 de junio de 2012. Es la cuarta Cumbre de La Tierra. Oficialmente es la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable. Nuevamente la sede fue Río de Janeiro, Brasil. Los escenarios climáticos pesimistas eran más que un pronóstico dramático. Cada día es más evidente que el planeta Tierra se aproxima aceleradamente al denominado Punto de no retorno. Esto significa que, aunque cesaran las emisiones de los gases de efecto invernadero, el mal está hecho. Entre otros daños, la temperatura promedio global seguiría subiendo. Esta situación no es un cuento chino, sino la realidad dramática. Han transcurrido solo cincuenta y dos (52) años desde que se asignó el 22 de abril como el Día de la Tierra.  El desafío está planteado.

Resulta urgente la adopción de decisiones con respaldo serio y recursos para hacer frente a las condiciones precarias que presenta actualmente el planeta Tierra. Cada día que transcurre se exacerba aun más la condición crítica. Estamos al borde del despeñadero.

 

 

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